Argentina y la Empresa de Economía Social
Ojalá que esto pronto suceda así podrá descansar mi pena hasta la próxima vez...
Lito Nebbia
La empresa de economía social
Los argentinos hemos venido manteniendo desigualdades sociales desde antes de los representantes de la generación del 80. Fue esa camada de argentinos que bajo un marco interno de desigualdad social y un marco externo de recesión económica, aprovecharon la coyuntura y sentaron las bases del mejor período económico de nuestro país. Pero es necesario analizar con mas profundidad si esa Argentina que lucho denodadamente para construir un sistema de acción social serio, participó o no, de lo que se supone debía ser una empresa de economía social (E.E.S.).
Para eso primero definiremos que es una empresa de economía social dentro de un marco democrático.
La empresa de economía social tiene como objetivo la producción de bienes y servicios que respondan a necesidades sociales (y entiéndase: no estoy hablando ni planteando ideas comunistas, sino mas bien de optimización del capital). Está centrada sobre la persona, sus principios y reglas de funcionamiento se basan en:
• Una estructura legal que asegura un proceso de gestión democrática.
• Actividades que favorecen (delegan) en sus miembros y en los usuarios la participación y la responsabilidad individual y colectiva.
• La primacía de la persona y el trabajo sobre el capital.
• Un propiedad colectiva del capital y los medios de producción.
• Su contribución se expresa en su incidencia sobre el desarrollo local y de las comunidades, especialmente por la creación de empleos sostenibles, el desarrollo de una oferta de nuevos servicios, el mejoramiento de la calidad de vida, etc.
• Su viabilidad económica se apoya principalmente en los ingresos que genera su actividad comercial dirigida a consumidores privados o públicos.
Habiendo relevado los aspectos básicos de la definición de EES, podemos establecer que el manejo de los destinos de un país, deberían basarse (a grandes rasgos) en el modelo que acabamos de definir, y no es casual que muchas veces hayamos oído (incluso en la universidad en la cátedra de finanzas públicas) que la empresa mas grande de Argentina es: “Argentina S.A.”, en alusión al potencial empresarial del sector público en nuestro país, de movida un error, ya que debería ser “Argentina Coop Ltda” y no S.A..
Habiéndome explayado en la definición de EES e intentando empalmar la visión de empresa social con la del sector público, veamos las consecuencias de no resolver nuestras asimetrías sociales y el problema histórico de la inflación, en el marco de una EES.
El origen de la brecha
Argentina de principio de siglo tuvo uno de los mas espectaculares movimientos migratorios que permitió generar demanda excedente, pero también contribuyó a marcar aún mas las diferencias sociales dentro del país, ...”Así llegaron nuestros ancestros, hombres de carne y hueso, que reclamaban jornadas de trabajo de ocho horas en vez de las diez o doce de aquel entonces y el descanso dominical; es decir, todas leyes que luego de casi un siglo, por voluntad de esa entelequia que es el mercado, tiende hoy a desaparecer. Ellos trajeron el sindicalismo, el socialismo, el anarquismo y, luego, en un segundo momento nuestro discurso racista vernáculo estigmatizó al inmigrante” (Revista Electrónica de Geografía y Ciencias Sociales. Universidad de Barcelona [ISSN 1138-9788] Nº 94 (31), 1 de agosto de 2001).
Si bien el origen de los movimientos obreros se remonta a mediados del siglo XIX (1857 se crea la Asociación Tipográfica Bonaerense), claramente podemos ver como a partir de la gran ola de migraciones de fines de siglo, comenzó una era en Argentina de fortalecimiento del sistema de sindicatos que cobró una preponderancia tal, que cuando se realiza la modificación de la constitución con el articulo 14BIS, los mismos forman parte de ese artículo.
La situación de desigualdad social prevalece desde inicio del siglo XIX hasta nuestros días.
Pero es importante analizar que a mediados del siglo XX, surgió una necesidad y un dirigente que debía manejar esa necesidad. Fue Juan D. Perón (JDP), que observó la desigualdad, e inteligentemente articuló unas bases para el establecimiento de un modelo de EES, el problema fue que el diseño político que implementó el gobierno para implantar la EES estimuló y generó una diferencia de clases enfrentando a los argentinos y generando lo que hoy denominamos brecha social.
Perón dijo en 1950 (y no deseo entrar en política sino mas bien deseo que se analice con detenimiento la frase): “La verdadera Democracia es aquella donde el gobierno hace lo que el pueblo quiere y defiende un solo interés: el del pueblo”.
Por un lado, el mero hecho de hablar de “pueblo” es adjetivar de alguna forma a un sector de los ciudadanos y generar una brecha social, y segundo: no he visto en mis años de vida, que el gobierno (ni peronista, ni ninguno) “haga” lo que el pueblo quiere. Mas bien hemos estado sometidos a la voluntad del erudismo o el totalitarismo político y el planeamiento cíclico de fórmulas que lo único que han hecho es sumirnos en el cambio de nuestra cultura soberana para convertirnos en esclavos de un sistema que no nos beneficia ni nos interesa.
Si bien Perón realizó muchas innovaciones de carácter social en el país, el costo siempre fue la brecha.
También sentó precedentes en el estilo “ligero” de gobierno peronista, hablando de igualdad social y vistiéndose y viviendo como un “desigual”, esa característica la seguimos observando en los líderes peronistas después de casi 75 años (Juan Domingo Perón, terminó sus dias en la casa de Gaspar Campos, previo Puerta de Hierro, Cristina Fernández de Kirchner, vive en el mejor de los sitios de Barrio Norte, a cinco cuadras del Jockey Club Argentino y Alberto Fernández alquilaba un departamento en Puerto Madero).
Ningún dirigente peronista que haya intentado implementar una EES ha gobernado a corta distancia de la pobreza; o la falta de educación; o servicios básicos insatisfechos. Mas bien lo que han hecho es captar los actores sociales que padecen aún hoy los problemas de necesidades insatisfechas, fomentando la brecha social permanentemente, de manera tal de conseguir una importante masa de votos, que permita a dicha dirigencia peronista luchar y ganar elecciones de todo tipo y color (hoy, Fernández ha ganado las elecciones presidenciales con el 80% de los votos de CFK, dicho por el).
Entonces, la apertura y fomento de la brecha, en términos de como se ha planteado históricamente el modelo, ha generado no solo dependencia social, sino una tremenda exposición de los ciudadanos argentinos al fracaso.
El problema de la inflación.
Si bien el problema inflacionario es anterior a principios de siglo, con la elección de Juan Domingo Perón en 1946, se consolida el modelo de intervención estatal en la economía y se inicia un periodo de populismo macro económico. Perón trató de solucionar los problemas de la desigualdad de ingresos mediante control de precios y las políticas expansivas en el gasto estatal. Éstas fueron financiadas a través de emisión inorgánica, la cual generó un problema de inflación, que se volvería recurrente en Argentina por casi ochenta años.
Desde la década del cuarenta hasta la muerte de Perón Desde el primer dato oficial de precios al consumidor en enero de 1943 hasta la muerte de Perón en julio de 1974, fueron 14 los presidentes argentinos (incluyendo los constitucionales y los de facto). La mayor variación interanual de precios durante este período se registró a mediados de 1959 bajo la presidencia de Arturo Frondizi, con una tasa de inflación que superó el 120%. (Perón padeció el 18,8%). Sin embargo, el presidente que experimentó una mayor tasa de inflación promedio durante su período de gobierno fue el presidente de facto Alejandro Lanusse con un 63,4% de inflación anualizada en sus poco más de dos años en el poder. En el extremo opuesto se ubica Héctor José Cámpora, con una inflación anualizada de -30,1%, ya que durante su único mes de gobierno la variación de precios fue de -2,9%. Los setenta y los ochenta: de la alta inflación a la hiperinflación Los años siguientes al fallecimiento de Perón en 1974 significaron una etapa de profunda inestabilidad económica y social para la Argentina, en un contexto de crisis de la deuda latinoamericana. En términos del nivel de precios, esta conflictividad produjo que en el año 1989 se alcanzara la máxima tasa de inflación del país, bajo la presidencia de Raúl Alfonsín. La variación de precios promedio de ese año fue de 3079%, registrándose también una devaluación histórica (el tipo de cambio registró un aumento de 4771% anual con respecto al dólar). La pérdida de valor de la moneda fue tal que durante este período se realizaron dos cambios de símbolo monetario: en el año 1983 se reemplazó el Peso Ley por el Peso Argentino, y en 1985 este último fue sustituido por el Austral . El presidente que registró una mayor inflación anualizada durante el período fue Reynaldo Bignone con un 401,7%. La convertibilidad y la posconvertibilidad A partir de la Ley de Convertibilidad del año 1991 que fijó la paridad del Austral con el dólar, y la posterior sustitución de aquella moneda por el Peso, comenzó en Argentina un período de drástica reducción de la inflación y posterior estabilización del nivel de precios, (registrándose incluso en algún período deflación). Sin embargo, la inflación promedio durante la presidencia de Carlos Menem fue significativamente elevada (69,7% anual), producto de la variación de precios registrada durante los primeros años de su gobierno. Vale destacar que la inflación fue alta en su primer mandato (147,5% anual) y nula en el segundo (0% anual). La recesión de finales de los años noventa se tradujo también en un período de deflación: durante los dos años de la presidencia de Fernando de la Rúa la variación de precios fue negativa, con una tasa anualizada de -1,1%. La devaluación de 2002 impactó en el nivel de precios durante la presidencia de Eduardo Duhalde que tuvo una inflación anualizada de 29,3%. Tras un período de estabilidad de precios, la inflación volvió a ser un tema de preocupación nacional desde 2007, cuando la tasa anual superó el 20%. Estos niveles de inflación (no reflejados en los indicadores oficiales de precios, que fueron sistemáticamente alterados hasta 2015) caracterizaron a la mayor parte de los años de gobierno de Cristina Kirchner. La administración de Mauricio Macri, enfrentada a los efectos inflacionarios de la unificación cambiaria y la actualización de las tarifas de los servicios públicos (que habían estado virtualmente congeladas durante más de una década), a la fecha no ha conseguido reducir estos guarismos.
Como se puede observar, los argentinos hemos tenido que coexistir con este problema y sus derivados desde tiempos “sin memoria”. La brecha social y económica que ha originado la inflación con la consecuente pérdida de costumbre de ahorrar en moneda doméstica y el cambio cultural que ello ha implicado (hoy los argentinos consumimos en pesos y ahorramos en cualquier otra cosa, fruto del constante descreimiento del peso) ha transformado nuestro ADN cultural para generar un alteramiento genético en términos de sociedad. Hacer acción social en Argentina en base a endeudamiento es absolutamente incompatible con el objetivo de ahorrar en pesos y mantener estabilidad monetaria.
El mal diseño de la estrategia de financiación de políticas de acción social, políticas ideadas para sostener el objetivo primordial de la EES, ha generado un paradigma de lo que “no debe hacerse” si se quiere ser exitoso en la empresa de economía social. Y no se debe echar la culpa al “peronismo”, o al “radicalismo”, o al de turno, es un gran problema que hemos generado los argentinos por falta de control monetario y para remediarlo, amerita que nos comportemos como sociedad y no como una grieta flotando en el éter de la historia, sin rumbo aparente.
¿Que pasó con la oportunidad?
Pues el tiempo corrió, y a lo largo del mismo los gobernantes que tuvo el país se debatieron entre las políticas sociales sostenidas a base de emisión monetaria, (producto del mandato constitucional establecido) y las políticas de desarrollo e infraestructura. Pero acá debemos hacer un “parate” para analizar cuales son razonablemente las políticas de una EES.
En una primera instancia diremos que la productividad de la EES no se mide exclusivamente en función de criterios e indicadores financieros clásicos sino que toma en cuenta su utilidad social y su contribución al enriquecimiento colectivo.
Fijémonos que parecido tenemos con los gobiernos históricos de Argentina que sin importar la performance financiera (emisión y endeudamiento) han mostrado y demostrado que con obras de infraestructura “han puesto al país en el pedestal de las naciones en vías de desarrollo” (década del sesenta , setenta y ochenta) o a la categoría de países emergentes (fines del siglo veinte y principios del veintiuno). Pero nunca se ha puesto énfasis en la importancia de generar PRODUCTO.
Todos los políticos se han llenado la boca de palabras esperanzadoras y de la necesidad de generar mayor cantidad de actividad en el sector productivo, pero la verdad es que ninguno ha querido realizar las reformas necesarias para elevar la producción a un activo de primera necesidad. Eso conlleva un costo político que ninguno quiere asumir. Es más: todos se han recostado en el viejo modelo agro exportador de principios del siglo XIX para hacerse de los dólares necesarios para para volver a re negociar deuda. Volviendo al tema anterior, si miramos las estadísticas de pobreza de Instituciones como las Naciones Unidas, seguimos siendo un país con graves deficiencias de infraestructura, porque todavía encontramos “pozos ciegos” en zonas residenciales de casas millonarias.
Yo me pregunto: ¿En que hemos fallado?. ¿Por que no podemos manejar una empresa de economía social como debemos?. ¿Es que realmente nuestro objetivo es la utilidad social y el enriquecimiento colectivo?, ¿o la utilidad particular y el enriquecimiento de un estamento de la sociedad?.
La máquina de producir.
El crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) para el período 1913-2013 creció a un ritmo de 2,7% anual. Los últimos 30 años de siglo pasado la tasa de crecimiento promedio del PBI fue de solo 3.1% en los setenta, -1.25% durante los ochenta y 5.1% durante los noventa. Si estuviéramos en el año 2000, podríamos decir que Argentina había logrado un importante avance. Sin embargo, en el año 2001 el producto cayó en 4.4% y en 2002 lo hizo en 10.9%. La línea de tendencia para esos treinta años se acerca al 0%, indicando que la economía argentina ha estado prácticamente estancada durante este periodo. Desde el año 2008, la economía argentina dejo de crecer en términos per cápita. El PBI encadenado creció solo un 1,4% promedio anual para el periodo 2008-2014. Tomando en cuenta el crecimiento de la población entre censos, el crecimiento del PBI per cápita habría sido nulo, declinación no reconocida en el cálculo oficial del INDEC tanto en la vieja base como en la “nueva”. Este fenómeno se manifestó durante todas las décadas, todos los gobiernos, y a pesar de diferentes modelos de desarrollo (sustitución de importaciones, populismo, economía de mercado). Argentina, al contrario de la estimaciones oficiales, ha sido el país con menor crecimiento del PBI en Latinoamérica. ¿Que significa esto?. Simplemente que la capacidad de financiamiento para políticas de acción social, se ve sujeta a la emisión de dinero, porque al no crecer el producto no entra el dinero físico necesario para compensar la expansión del gasto del gobierno. Conclusión: mas deuda e inflación.
Como si fuera poco la Constitución Nacional, con la modificación y la introducción del artículo 14Bis en 1953, establece que: “El Estado otorgará los beneficios de la seguridad social, que tendrá carácter de integral e irrenunciable. En especial, la ley establecerá: el seguro social obligatorio, que estará a cargo de entidades nacionales o provinciales con autonomía financiera y económica, administradas por los interesados con participación del Estado, sin que pueda existir superposición de aportes; jubilaciones y pensiones móviles; la protección integral de la familia; la defensa del bien de familia; la compensación económica familiar y el acceso a una vivienda digna”.
O sea que el estado esta absolutamente obligado sea como fuere a cumplir con estas (y otras) obligaciones financiando como sea (puede usted sacar sus propias conclusiones). También establece garantías de orden laboral y sindical, pero si no hay crecimiento del producto ¿como vamos a estar hablando de garantizar condiciones dignas, salario justo, etc?. No hay producto: no hay oferta de trabajo, entonces no hay mucho por garantizar…
Mauricio Macri ha perdido una gran oportunidad histórica puesto que ha sido “el menos demagogo” de los presidentes modernos argentinos (incluso ha terminado su mandato como presidente no peronista, cosa que no sucedía hace muchísimo tiempo en el país), no ha tenido que lidiar para inventar el sistema de endeudamiento gubernamental, tampoco ha tenido que descubrir las políticas keynesianas y aplicarlas por vez primera como si el país fuera un conejillo de indias, pero tampoco ha podido romper con el maleficio del endeudamiento y el ahorro en “no pesos”; y como si fuera poco, mandó a la mitad de los argentinos a una situación muy delicada de falta de “enriquecimiento colectivo”.
Macri no ha logrado ponerle el cascabel a la empresa de economía social. Y no es que no ha dado prioridad a temas de índole social (el último presupuesto de Macri para cuestiones Sociales o de la Seguridad social fue de 40.100 millones de dólares aproximadamente), sino que su criterio para generar enriquecimiento colectivo, ha sido implementado desde la óptica de un estamento que relativiza las consecuencias sociales de un ajuste de cuentas de unos sectores en pos de otros.
Los datos parecieran ser en términos de comparación con el anterior gobierno, no muy diferentes, pero el costo financiero y político de asumir y llevar a cabo la organización del sector público, sumado a obras de infraestructura que a veces se tornan invisibles y cuya “utilidad” se diluye en el uso social de la mismas, (cuando existen sectores de la población que ameritan “urgente tratamiento”), ha sido uno de los grandes traspiés de su gobierno.
El impacto socio económico del aumento de la pobreza ha sido también el determinante para que aquellos sectores del electorado que aún acompañaban al macrismo incluso hasta antes de las PASO, se haya hecho a un costado y haya decidido no acompañar mas este tipo de gobierno. Vuelvo a repetir: La empresa de economía social tiene como objetivo la producción de bienes y servicios que respondan a necesidades sociales. Está centrada sobre la persona. Ella y solo ella es el pilar que sostiene la filosofía por la cual se creó la EES y eso es lo que debe priorizar a la hora de tomar cualquier decisión política (si se desea una política efectiva).
Consideraciones finales
La República Argentina no puede manejarse con políticas de endeudamiento, porque lo que en un principio ha podido ser la solución, se ha convertido en un veneno que no permite concebir una moneda soberana, ergo, estamos destinados a padecer los problemas con los que lidiamos desde siempre si no diseñamos un modelo económico y social con soberanía monetaria.
Si bien la acción social es un tema prioritario en la agenda de cualquier gobierno, la producción (la generación de riqueza) debe ser un tema resuelto a la hora de analizar como distribuir socialmente. Es absolutamente imposible sentar las bases de un sistema de acción social robusto, estable y generoso, si no se tiene resuelto de ante mano el modelo de producción que generará la riqueza necesaria para sustentarlo. El financiamiento externo que nos subyuga y nos ahoga es la consecuencia básica de haber priorizado mal.
La inflación se ha convertido en Argentina, la toxina que no nos permite la subsistencia en el modelo EES y aún si como dicen algunos economistas “un poquito de inflación es buena para el funcionamiento del modelo” (y suscribo aunque parezca mentira), cualquier argentino que escucha la palabra “mágica”, inmediatamente migra sus necesidades de ahorro a cualquier otro activo, en lo posible muy lejos de nuestro vapuleado peso. Y esto sucede por el abuso de haber vivido y crecido con financiamiento externo desde el siglo XIX (no nos olvidemos que ya en En 1873 se produjo la primera crisis económica mundial del nuevo sistema capitalista en formación, que se extendió hasta el fin de la década y amenazó la posibilidad de que el Estado argentino pudiera pagar los intereses de su deuda externa).
Las brechas que se generan en la sociedad no necesariamente provienen de actitudes demagógicas, también se generan por mal diagnóstico o malas asesorías, o sobretodo, inconsistencia de los objetivos de gobierno.
Se debe hacer un análisis profundo de la enfermedad para diagnosticar cual es la mejor solución a implementar y no descuidar otros asuntos que pueden generar malestar en el futuro. No es posible sostener este (o cualquier) sistema político en el tiempo, sin un estudio pormenorizado de la realidad social que nos permita lograr para todo el conjunto de la sociedad un estado de riqueza colectiva.
Por último, es absolutamente inviable mantener tres casas, con un sueldo mínimo y seis tarjetas de crédito, porque a la larga el quebranto es inexorable..

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